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El Retablo Mayor de Altar
Mayor de este Convento, se encuentra en el presbiterio
, en la cabecera de la nave central y única de esta
iglesia conventual.
No es el originario, pues detrás de éste está el
primitivo, de la primera mitad del siglo XVII, que es de yeso y con planta
lineal. Entre los elementos que lo
componen, destacar las pilastras y una venera central a la altura del
sagrario, cuya decoración era a base de diferentes cuadros colocados
en nichos.
La historia del actual retablo, comienza en 1760, cuando el 23 de mayo
de dicho año éste es contratado por el padre comendador
del convento y por Juan Cano. Pero antes de llegarse a la contratación,
el prior que regía el convento debía comprobar una serie
de requisitos, como por ejemplo que este convento era solvente económicamente
para poder llevar a cabo esta empresa, cosa que parecía probable
ya que en el siglo XVIII el convento poseía un número elevado
de tierras, así como un molino de aceite, el cual tenía
arrendado (de este modo aparece recogido en el "Catastro de Eclesiástico
de Ensenada", de mediados de siglo XVIII).
Poco se sabe de este autor. Juan Cano era maestro tallista-arquitecto
y del documento de contratación de la obra, se desprende que era
vecino de Sevilla, collación Omnium Santorum, y residente en El
Viso. Parece que tuvo una actividad artística destacada durante
los años centrales del XVIII, colaborando en algunas obras con él
su hermano Joaquín, que era escultor y dorador. Trabajaría
en Alcalá del Río, en la capilla de San Gregorio Oretano,
en varias iglesias de Sevilla, como San Vicente o en la parroquia de
San Gil, e incluso trabajaría en Carmona, arreglando, según
el diseño que él mismo hizo, el retablo realizado por Tomás
Guisado y su esposa Ana Vázquez Guillén, para el altar
mayor de la iglesia parroquial de San Pedro.
En cuánto al contrato, las condiciones de éste fueron establecidas
por los contratantes mencionados, "..., digo que habiendo yo tratado,
concertado y ajustado con el Reverendo Padre Comendador...", y en
el que se fijó un periodo de duración de dos años
aproximadamente, dividido en tres fases, así como el precio del
retablo y la forma de pago. El pago total sería de 9000 reales
de vellón, pagaderos en tres plazos, a excepción de una
fianza de 750 reales de vellón pagados a la firma del contrato.
En la Navidad de 1760, al finalizar el primer tercio, cobraría
3000 reales de vellón. El 8 de septiembre, con el segundo tercio
acabado cobraría la misma cantidad, y el 24 de junio de 1762,
cobraría el resto del dinero acordado, 2250 reales de vellón.
Entre las condiciones que se fijaron, estaba la que decía que
sería el convento el encargado del transporte de las diferentes
partes del retablo a la iglesia, "... siendo de cargo de dicho convento
traerlo, conducirlo el tercio primero de dicho retablo...".
Una figura importante en todos los contratos, era la del fiador. Normalmente
eran varios, y eran quienes avalaban al autor. En este caso fueron Bernardo
de León, en aquellos momentos alcalde ordinario de la villa, Pedro
Esteban de Ojeda y José Muñoz Huertas, actuando los dos
primeros como "... que le otorgante presente por testigos de su
conocimiento a los señores... los que juraron en forma de derecho
lo conocen y saben que es tal maestro tallista...", y el tercero,
como testigo de que Juan Cano reconocía con la estampación
de su firma todo lo escrito referente a él en el contrato.
El retablo fue tallado en madera, dorado (tono rojizo) y policromado.
Mediante el dorado en los retablos, se pretendía buscar un efecto
de luminosidad, sinónimo del sol celestial. La madera era el material
más frecuente, usado tanto por su menor coste como por la facilidad
de trabajo que ofrecía. Aunque tiene inconvenientes, como el riesgo
de incendios o el ataque de insectos xilófagos.
Generalmente la madera era importada, pues en la diócesis de Sevilla
había pocos bosques y por tanto la madera no abundaba en cantidad.
Dependiendo del tipo de madera que fuera, se usaban de una forma u otra.
Para la estructura arquitectónica se usaba bien el pino o el borne,
mientras que para los relieves y la imaginería se usaban el pino
y el cedro ( se pensaba que eran maderas incorruptibles). Para el molduraje,
lo frecuente era usar el nogal, a veces combinado con el álamo
o la teja.
El retablo posee unas dimensiones de 850 cm. por 600 cm. aproximadamente.
Dimensiones que son acordes al tiempo de duración. Para la construcción
de un retablo de estas dimensiones era frecuente emplear entre un año
y dos años, siempre que no hubiera circunstancias extraordinarias.
En cuánto a la estructura retablística, el retablo se compone
primeramente de una mesa de altar. Posee banco, que aparece sobre un
zócalo de mampostería, con dos puertas laterales que nos
permiten el acceso a la parte posterior del retablo. La puerta del lado
del evangelio nos lleva a unas escaleras que conducen a la venera central
del antiguo retablo, mientras que la del lado de la epístola nos
lleva hacia una escalera de madera para poder acceder al camarín
de la Virgen. Después del banco nos encontramos con el sagrario.
El retablo posee un solo cuerpo, con tres calles y rematado por un ático
de medio punto. En este retablo, podemos observar características
propias del Barroco de estos años, por ejemplo la importancia
que adquiere la calle central respecto a las laterales. En la calle central
se superponen el manifestador y el camarín u hornacina, en la
que se encuentra la Virgen de la Merced. En las calles laterales, en
el lado de la epístola con la imagen de San Ramón Nonato.
En el remate, a nuestra izquierda (lado del evangelio) aparece la figura
de San Serapio, y a la derecha la de San Lorenzo. Centrando el ático,
un relieve con la representación de la Santa Cena.
En cuánto a los soportes del retablo, será el estípite
el soporte que adquiera mayor importancia. Es un elemento tronco-piramidal,
que separa las calles laterales de la calle central. Durante la primera
mitad del siglo XVII, el estípite comenzará a aparecer
en el retablo barroco de manera única, como único soporte,
aunque durante un tiempo convive con la columna salomónica, pero
que a la postre desplazará a ésta. El estípite va
a proporcionar al cuerpo central un sentido de frontalidad, presentando
en su recorrido varios puntos estrangulados. Estípite que aparece
con un capitel que se asemeja al corintio romano, como con hojas de acanto.
En los años centrales del siglo XVIII, el ornamento adquirirá pleno
protagonismo, proporcionando un horror vacui a todo el conjunto retablístico.
En cierto modo, ésto ocurre en este retablo pues por toda su superficie
se despliega un amplio repertorio ornamental, constituido por flores
y frutos y por rocallas.
Los motivos florales y frutícolas, aparecen encadenados, desplegándose
por el retablo verticalmente, encuadrados en franjas rectangulares, como
por ejemplo, las que franquean el retablo en la calle central o las que
se encuentran a ambos lados de la línea de imposta del arco de
la hornacina central.
La rocalla es el elemento predominante, pues aparece por todo el retablo,
decorando tanto la superficie del retablo, decorando tanto la superficie
del retablo como los propios soportes (estípite). Es en el ático,
donde la rocalla adquiere mayor desarrollo. La rocalla es un elemento
decorativo de tipo rústico. Una decoración compuesta por
elementos vegetales, tales como plantas, hojas y por fragmentos rocosos.
Por todo el retablo, se despliega un amplio conjunto de molduras, que
se utilizan tanto para dividir una parte de otra, como decoración
misma, proporcionando numerosos entrantes y salientes y jugando con perspectiva,
representando varios planos y creando una profundidad ilusoria. En principio
separando el banco del cuerpo central, nos encontramos con una moldura
que se puede denominar como caveto. Para diferenciar el ático
del cuerpo central se emplea una cornisa, que se curva en su centro,
siguiendo el mismo ritmo que la hornacina, y donde se cobija el escudo
central, que no es primitivo, pues éste fue colocado por las monjas
teatinas a mediados de nuestro siglo. La hornacina tiene bóveda
de medio cañón y que se encuentra decorada en toda su extensión.
Entre esta cornisa y el capitel de los estípites, podemos observar
un entablamiento, que contribuye tanto al juego de crear distintos planos
como al de entrantes y salientes. Entablamiento que se compone de arquitrabe,
friso y cornisa. Por lo tanto habría una cornisa superpuesta a
la otra. El relieve central del ático, aparece con un enmarque
mixtilíneo, con su correspondiente juego de curva y contracurva.
Todo este conjunto de curvas, tanto de molduras, el enmarque, así como
las rocallas y decoración de frutos, proporcionan al retablo un
sentido ascensional.
El retablo se encuentra adosado a la cabecera de la iglesia, unido al
muro con troncos, los cuales se pueden ver mediante el acceso por las
puertas que hay en el banco. La cabecera es plana, por lo que la planta
de éste, se puede denominar como planta lineal o llana.
Entre las diferentes tipologías en las que se puede encuadrar
el retablo barroco, podríamos denominar a este retablo mercedario
como retablo-camarín. En el centro del retablo aparece, como señalamos
anteriormente, una hornacina con la imagen de la titular de la orden,
la cual era objeto de culto y devoción por los fieles. De este
modo se indica en los Anales Mercedarios de Fray Pedro de San Cecilio, "...
la imagen de la Merced profesaba gran devoción por la gente del
pueblo".
El conjunto escultórico, está compuesto por cinco esculturas
de bulto redondo y un relieve, principalmente. De menor importancia son
varios ángeles que aparecen colocados en el ático y en
el camarín.
La imagen principal del retablo es Nuestra
Señora de la Merced. A la derecha de la Virgen,
lado del evangelio, se encuentra la figura de San
Pedro Nolasco (1179-1256), fundador de la Orden Mercedaria,
y patrón de El Viso del Alcor, y cuya festividad se celebra el
día 31 de enero.
La Orden Mercedaria, fue constituida como una orden militar, y alcanzarían
la santidad mediante el martirio o la vida monástica. Su fundador
estableció unas bases para sentar la orden, éstas eran
la pobreza, castidad y obediencia. San Pedro Nolasco, no tardó en
rodearse de un amplio grupo de hombres, formando un ejército y
rescatando a los cristianos prendidos. Incluso ellos mismos se ofrecían
a los "infieles" como moneda de cambio, para que fueran liberados
los cautivos.
Uno de estos hombres que acompañó a San Pedro Nolasco,
fue San Ramón Nonato (1204-1240), y cuya
imagen aparece en el lado izquierdo de la Virgen, lado de la epístola.
Otro de los santos mercedarios que aparecen en este retablo, es San
Serapio, justamente encima de San Pedro Nolasco, pero ya en el ático.
Al otro lado del ático, San Lorenzo. En
el centro del ático, nos encontramos además con el relieve
de la Sagrada Cena.
Por último, los ángeles citados anteriormente. A los pies
de la Virgen de la Merced aparecen varios rostros de querubines, al igual
que en el ático, donde dos de cuerpo entero flanquean el relieve
y un rostro remata tal relieve. Este tipo de ángeles será muy
frecuente, usados desde el Renacimiento.
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